En este menester de presentarse ante lo demás hay gente pa' to. Desde el vanidoso que te canta el currículum (currículo es lo correcto, según la RAE), a la risueña que parece se haya tragado un algodón de azúcar, pasando por el audaz y habilidoso que se defiende de la situación utilizando el sentido humor. Yo pertenezco a este último grupo, por supuesto. Todo esto que estoy escribiendo es para dar coba y evitar el terrible acto de presentarme. Pero como otro remedio no hay, voy allá:
Si pudiera haber elegido mi nombre, no sé como me habría llamado. Probablemente, todavía estaría decidiéndome. Por suerte eligieron por mí y me pusieron Sergio, que bueno... no es la panacea de los nombres, pero tampoco está mal. Mi edad es 5,91 al cuadrado. Vivo en el sur, aunque depende de donde tú estés podría ser el Norte. La vida es una cuestión de perspectiva, como ves.
Mi película favorita es La gran belleza. Mi comida preferida, los caracoles y el salmorejo. Si decidieran quemar todos los libros existentes sobre la faz de la tierra y yo pudiera salvar solo uno, elegiría Muerte de un viajante, de Arthur Miller. O el catálogo de Ikea. No estoy seguro. A una isla desierta me llevaría un móvil. Mi epitafio será "Yo sí elegí muerte".
Profesionalmente me dedico la música, la escritura y el teatro. Y, a modo de hobby ("afición" recomienda la RAE), acudo cada mañana a la Abogacía de Estado en Sevilla (o en Andalucía, no sé muy bien, está gente lo anda cambiando todo a cada momento), perteneciente a la AGE, donde contribuyo eficazmente a ralentizar y entorpecer la acción de la Justicia. He sido profesor, camarero, socorrista y chico de los recados. Empecé a doctorar, pero acabé pasando del tema. Me flipé un poco, la verdad. Además, no les gustaba mi estilo a la hora de redactar. Aún no entiendo por qué.
¿Qué más? ¡Ah! Respecto al curso, claro. ¿Qué espero? ¿Qué puedo esperar? Quién sabe. Cualquier tema apasionante puede convertirse en aburrido si se imparte de la manera adecuada. Hay quienes parece que se esfuerzan por ello, incluso. Espero que este no sea el caso. En caso de que sí lo sea, fingiré interés y entusiasmo. El tema, en sí mismo, está bien. Tengo un colega que inventó un término para un tipo de discriminación: el jovencismo. Básicamente, que te tomen por primo (o prima) en edad temprana aprovechando que aún no has forjado un carácter lo suficientemente sólido como para exigir un trato adecuado en determinada situaciones. (Menudo académico se está perdiendo la RAE conmigo). Aunque, bueno, el tema de la discriminación y la igualdad en el fondo siempre esconde una cuestión de clase, ¿no? Al final, todas las discriminaciones son económicas. ¿O no? No lo sé. Para eso está el curso. Que me interesa muchísimo, ¿eh, señores evaluadores? Mucho, mucho.
¡Ah! Y si te preguntas el porqué del nombre del del blog, pues... no sé chico (o chica), había que ponerle uno. ¿Qué quieres? Por cierto, la madera del fondo del blog, no es madera, es contrachapado. Tu arme caso a mí, que yo de esto entiendo una mijita.
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